Sunday, November 26, 2006

3 1/2

Es, cuanto menos curioso, que me haya quedado aquí atrapado precisamente hoy. En este momento, en este lugar. Llevo más de seis meses subiendo al menos dos veces al día a este maldito ascensor y nunca me advirtió de que esto podría llegar a pasar. Ni un ruido extraño, ni un ligero apagón. Una gota de sudor recorre mi frente. Tenia que ser hoy, uno de los días más calurosos del mas caluroso verano. El día en el que le diré adiós. Han pasado poco más diez minutos desde que la anciana de la puerta 12 escuchó mis tímidos gritos de ayuda y corrió histérica hacia su casa. ¿A quien se llama en casos como este?. ¿A los bomberos?. Seguro que están mareando a la pobre mujer. Es la gracia de los números de emergencia, son los que mas tardan en comprender lo que sucede. Quizás sea cosa del destino. El día que decido que definitivamente mi vida debe cambiar y justo en el momento que voy a enfrentarme a mi decisión me quedo en medio de dos pisos. El tercero y el cuarto si no me equivoco. En el tres y medio. Tenia las palabras preparadas. Las frases precisas. No debería de haberme ocurrido esto hoy. El día en el que le diré adiós. No es que no la quiera, todo lo contrario. Nunca imaginé que volvería a amar así. Intento por enésima vez que mi móvil me saque de aquí. Cuando nos venden estos cacharros deberían avisarnos de que en los ascensores no hay cobertura. Avances retrasados. Para no perder la calma decido ponerme a jugar a uno de los juegos que lleva mi pequeño ejemplo de tecnología punta inútil. A los diez segundos me doy cuenta de que la serpiente come puntitos no es la mejor idea de relajarme, siempre me pone de los nervios. Entro en mis mensajes recibidos. “Me muero por verte”. “¿que qué estaba haciendo antes de conocerte? perder el tiempo”. “No sabes lo que te echo de menos”. Así hasta once. Ahora es cuando debería pensar en mi mujer y en mis hijos. Pero, sentado en mi maquina del tiempo particular, entre el tercero y el cuarto, solo puedo ver su sonrisa. No puedo darle vueltas al asunto. Ya estaba todo decidido. Hoy era el día en el que mi vida volvería a ser segura, apacible y tranquila. El día en el que le diré adiós.
Yo quiero a mi mujer y no puedo perderla. Además están los niños, no me haría ninguna gracia que mis hijos crecieran con el lastre de ser los vástagos de un matrimonio separado. No quiero que crezcan lejos de mí. Ya sé que todo esto debería haberlo pensado antes. Antes de intentar seducir a la joven que solo con mirarme a los ojos conseguía darme motivos para respirar durante una semana. Antes de invitarla a cenar a aquel restaurante chino, donde la bese por primera vez. Antes de acostarme en su cama.
Puede que esto sea la mítica batalla entre el bien y el mal. El problema es que no se cual de las dos opciones es el bien, cual por eliminación es el mal. Mi mente y mi corazón libran una cruel batalla en el tres y medio.
Las luces principales del ascensor se encienden justo en el momento en el que empezaba a pensar que enloquecería en esta pequeña tumba de mi conciencia. Parece que Dios me quiere tocado pero cuerdo. Escucho la voz grave de un hombre y por un momento pienso que el todopoderoso ha venido a pasarme la cuenta de mis pecados.
- Señor, ¿esta bien? soy de la empresa de ascensores, en un minuto vuelve a funcionar. Cuando le diga pulse el número de piso al que quiere ir.
¿El piso al que quiero ir?. ¿Debo decirme ya, ahora mismo?. ¿Por qué no ha tardado media hora mas?.
No se a quien pretendo engañar. Si pulso el botón que lleva hacia arriba puede que el resto de mi vida vaya hacia abajo. Si no lo hago eso supondrá tener que dar mil explicaciones a las que seguirán citas en juzgados, abogados sin escrúpulos y pequeños corazones rotos. Haga lo que haga me equivocaré.
- ¡Ya funciona Señor!. ¡puede pulsar el botón del piso al que se dirigía!
Sudo como si las puertas del infierno se hubieran abierto frente a mi. Ahora, cuando por fin puedo salir de aquí, la idea no me hace ninguna gracia. Siempre he odiado enfrentarme a las cosas. ¿Y si tiro una moneda al aire?. Seria la solución perfecta, no tener responsabilidad sobre la decisión final. No. Se lo que quiero. Lo sabia el mes pasado, ayer, esta mañana.
Una extraña confianza guía mi dedo hacia el botón b. Hoy es el día en el que todo empieza a cambiar. Hoy es el día en el que le diré adiós.




Mí primer relato para los pvs de anika. Lo primero que escribo en este formato, nunca antes había intentado dar sentido a una historia. Flojo y más fallos de los que me gustaría, no he podido releerlo entero.

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